Poema a mi Madre sorda

yo siempre te hablo,
existe cierta oscuridad, pero yo se que oyes
desde que era niño, ¿verdad, Madre?
tu siempre tan callada, tan mujer,
tan humilde en tu quehacer.
y yo asintiendo a todo, dichoso y tranquilo.
Enamorado de ti, ¡me oyes!
Sí de tus cabellos grises,
de tu cuerpo deformado por la maternidad,
de tus pies diminutos que todavía
no han aprendido a estarse quietos;
sin rumor en la brisa, sin rumor en el llanto.
Cuan sencilla tu gracia,
ese día en que resume tu presencia;
¿me oyes, Madre? Te pregunto si me oyes
pero es inútil porque me consta que
inundas poéticamente mi pensamiento y mi sentir.
Jamás podré recrearme en un pensamiento
incomparable como eres tu para mi, madre.
Has criado a nueve hijos, ¡que pena!, ¡que dolor!,
ninguno quiso como ¡yo!
Me apartaron de tu camino, hasta tu lloraste de dolor;
Yo estoy convencido de que nos quisiste,
y a ninguno les guardas rencor, ¿me oyes, Madre?
Puse en las entrañas del dolor deleites
de los divinos amores.
Para ti ya no hay Aurora,
la eternidad sobre los ojos tienes
allá arriba, cuando hables con Dios,
pregúntale cuánto te quise yo
¿me has leído, Madre? yo siempre te hablaré.
|