A ti padre

No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos,
cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
Felicidades papá.

A ti padre

Mi padre es un hombre callado, mesurado, amable.
Es un hombre bueno como el pan, como la lluvia, como el amanecer.
Es un hombre fuerte como el trueno, como el diamante, como una montaña.

Mi padre ha sido ejemplo de bondad para su familia:
cuando éramos pequeños nos llevaba a pasear, a comer, nos invitaba pastel o gelatina, nos cuidaba.
Mamá, mis hermanos y yo fuimos objeto de su amor, de su generosidad y de su respeto.
Mi padre es un artista. De joven aprendió a trazar y a cortar la tela,
a hilvanarla y coserla en la máquina.

De sus manos salían primorosas capas, elegantes abrigos o tibias y cómodas chamarras.
De él aprendí a trabajar, bendición del cielo.
Desde temprano se sentaba ante su máquina de coser o se encontraba detrás de su mesa de corte,
trazando, cortando (a máquina o con tijeras), siempre con una aguja entre sus labios.

A veces lo escuchaba y me parecía que oraba. Y el espíritu de Dios habitaba en él:
sus labios y sus manos hablaban de la bondad de su corazón.
Interrumpía su trabajo sólo cuando mamá lo llamaba a comer.
Comía poco, con frugalidad. Apenas terminaba, daba gracias.
Se levantaba y regresaba a seguir su incansable labor,
durante varias horas más, y así durante muchos días y parte de sus noches, a lo largo de muchos años.