A ti... Madre.

El corazón de la madre es el único capital del sentimiento que nunca quiebra,
Y con el cual se puede contar siempre y en todo tiempo con toda seguridad.



A ti... Madre.

Dios te hizo
con la fragilidad de la rosa
y al mismo tiempo con la
fiereza de la espina,
para defender tu color
y tu perfumada esencia.

Te dió brillo
de estrellas en tus ojos
y el calor
del sol en tu corazón,
para proyectar tu amor
con el infinito
universo de tu mirada.

Te hizo tierra fértil
para que sembraras vida
en las profundas
raíces de tus entrañas,
Te hizo mujer
y te hizo Madre...
Y fue tanta
la perfección de su obra
que Dios mismo,
humildemente...
se arrodilló
para besar
tus pies.
Y quiso volver
para tener una.

Te dio vida y luz
para que iluminaras
nuestro camino.