
Bien sé ahora que tú eres quien me dicta
esta forma y este ansia; sé al fin que el
mar esbelto, la enamorada luz, los niños
sonrientes, no son sino tú misma; que los
vivos, los muertos, el placer y la pena,
la soledad, la amistad, la miseria, el
poderoso estúpido, el hombre enamorado,
el canalla, son tan dignos de mí como de
ellos yo lo soy; mis brazos, tierra, son
ya más anchos, ágiles, para llevar tu afán
que nada satisface.
El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere beso que nunca
muere, sólo en ti misma encuentro,
tierra mía. Nimbos de juventud,
cabellos rubios o sombríos, rizosos
o lánguidos como una primavera,
sobrecuerpos cobrizos, sobre radiantes
cuerpos que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está,
sino en la tierra, en la tierra que
aguarda, aguarda siempre con sus labios
tendidos, con sus brazos abiertos.
Dejadme, dejadme abarcar, ver unos
instantes este mundo divino que ahora
es mío, mío como lo soy yo mismo, como
lo fueron otros cuerpos que estrecharon
mis brazos, como la arena, que al besarla
los labios finge otros labios, dúctiles
al deseo, hasta que el viento lleva
sus mentirosos átomos.
Como la arena, tierra, como la arena
misma, la caricia es mentira, el amor
es mentira, la amistad es mentira.
Tú sola quedas con el deseo, con este
deseo que aparenta ser mío y ni siquiera
es mío, sino el deseo de todos, malvados,
inocentes, enamorados o canallas.
Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.

El Libro de Arena
Jorge Luis Borges
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Donde Habite El Olvido
Tierra Sin Nombre
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En Estas Palidas Tierras
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