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Célicas legiones de hadas vaporosasQue entre frescas rosas y espumosos lirios En bajel dorado, suaves nos deslizan A través del mundo, ¡piélago encrespado! Arrojando flores sobre los Escollos que encuentran al paso! Son los compañeros, los amigos Dulces de los pocos años. En vaivén gracioso van y van pasando, Himnos de esperanza quedo susurrando, Son las ilusiones, los ensueños blancos. Las pupilas ígneas abren con espanto. Aterrados huyen los alegres bandos. Siento frío... Tiemblo.. Junto a mí se yergue Un fantasma raro, De pupilas negras, Insondables, duras, de ambarino cutis Y terrosos labios. Cúbrelo un espeso, Renegrido manto. Todo en él es frío, ¡hasta de sus ojos el fulgor extraño! Fuego incomprensible, que cegando hiela; Fuego inexplicable, que deslumbra enfriando; Viene a mí, se inclina; sus pupilas negras Sobre mí ha fijado, mi aterido cuerpo Tiembla y se contrae en terrible espasmo. El fantasma oprime mi marmórea frente con su Dedo helado; y fijando ahora su mirada dura en Mis níveos sueños que ya están lejanos, con Desprecio y odio agitado mueve los terrosos Labios. Luego a mí se vuelve y hacia sí me Trae en estrecho abrazo; a mi oído acerca su nerviosa boca, con acento intenso, convincente, Trágico, -¡Mienten! -dice- ¡Mienten! - Luego me abandona y se va, dejando en mi, frente, Impresa, la invisible huella de su dedo helado! Profundas huellas marcaron su paso, y jamás Han vuelto ni las ilusiones, ¡Pobres ilusiones! ¡Pobres sueños blancos! Es que aquel fantasma demacrado y frío era el Desengaño; y al tocar mi frente dejó en ella Impresa la indeleble huella de su dedo helado! Delmira Agustini Cantos de la Mañana |
